Como viene siendo habitual en nuestra Sociedad, comenzaríamos la temporada corcera a mediados de Mayo. En el sorteo celebrado semanas antes la suerte me había sonreído, tocándome cazar el  segundo día tras la apertura de la caza, lo que me podría permitir disfrutar de alguna oportunidad más al tratarse de principio de temporada.
Al menos en teoría, porque el binomio Canis lupus-Cephenemyia stimulator, o lo que viene siendo lobo-coco, ha mermado significativamente las poblaciones de corzo en toda la zona. Un grave problema que, sin embrago, no me iba a quitar ni un ápice de ilusión por estar en Babia una vez más.
Hasta qué punto puede llegar a ilusionarse uno que botar de la cama a las 04:45 con el sobresalto del despertador con José Mota voceando so mugroso, piojoso, zumallo, zamarro, bacín, pregonao, harto sopas… me saca la primera sonrisa del día aunque sea con un ojo medio abierto y otro cerrado… Me apresuro y en unos minutos estoy con el uniforme verde, desayunado y listo para marchar.
Hemos quedado a las 06:00 y llegamos con unos minutos de adelanto. Cinco minutos más tarde estamos todos. La alegría es enorme por reencontrarme con buenos amigos. Al haber luna llena es  probable que los corzos se dejen ver menos. Hay que apresurarse y estar en el monte antes de que comience a clarear.
Ya en el cazadero, mochila y rifle en ristre, comenzamos el rececho. Hemos dejado el todo terreno en la parte más alta de la pista y estamos dando cara a un amplio valle que se extiende hasta la llamada Peña de los Rebecos.
No tardamos en avistar dos corzos en un reguero; una hembra y un pequeño macho que dejaremos para otro año con permiso de los lobos y los cocos. Sin perder de vista el fondo del valle avanzamos a media ladera escudriñando el terreno, de momento sin suerte. Poco a poco nos vamos acercando al final del valle, a la zona donde días antes se había dejado ver un machete.
Tras varios minutos quemando retina con los prismáticos salta la liebre. Mejor dicho, el corzo. Allí está, en un minúsculo claro de monte debajo de la Peña de los Rebecos. Es uno de los corzos que íbamos buscando. Viendo donde está seguro que no tardará en meterse entre las escobas, por lo que habrá que hacer la entrada hasta donde se pueda y a ver si así lo pudiéramos tirar.
Acelerando el paso conseguimos reducir considerablemente la distancia hasta ponernos a unos doscientos sesenta metros que a la postre serán definitivos a la hora de un posible lance. El corzo se encuentra ya metido entre las escobas y si carea lo hará por un instante sin dar prácticamente opción de disparo. Si intentásemos acercarnos más perderíamos la perspectiva por completo y sería imposible dar con él entre la espesura.
Rápidamente busco apoyo en una roca y me preparo por si nos da una oportunidad. Pasa un minuto, dos, tr… ¡ahí está entre aquellas escobas! Apenas se deja ver, está medio tapado, mostrando únicamente la cabeza. Es un corzo tirable, lo voy a tirar si me da oportunidad. En un visto y no visto desaparece sin dar ninguna opción, ¡vaya por Dios!…. Si no se echa igual aparece un poco más arriba en aquel otro pequeño clarete. Aguantemos por si acaso..

Segundos después el macho asoma en el sitio esperado. ¡Que sale, que sale! Aunque sólo ofrece su costado izquierdo de cuello para atrás, me encaro, quito el seguro y rozando suavemente el gatillo… ¡bannnnnng! El corzo cae … pero se vuelve a levantar para adentrarse en el piornal tomando la dirección de la campera en la que nos encontramos. Muerto, está muerto -pensamos-, … pero no, no estaba muerto, «y tampoco estaba de parranda»…., así que toca rematar.
Al acercarnos quedamos gratamente sorprendidos. Es un bonito ejemplar con el característico perlado de la zona. No muy alto pero entero, con sus luchaderas y contra luchaderas. Tras precintar y desollar el corzo, nos sentamos a disfrutar de las vistas mientras comentamos el lance y almorzamos. Definitivamente el calibre 270 me tiene enamorado.
Y así, entre risas y buenos amigos, cierro otro capítulo más de mis andanzas corceras por tierras leonesas. Un hasta luego a la espera de una nueva escapada. Mil gracias y un fuerte abrazo para mis queridos amigos astur leoneses.
GALERÍA FOTOGRÁFICA

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