I CERTAMEN DE RELATOS CINEGÉTICOS DEL CLUB CAZADORES CONDEVITO (AÑO 2020)

5º PUESTO

ESPERA-RECECHO (E.A.C.)

A mediados de octubre regreso al coto para hacer un aguardo de jabalí y a los muflones que por la madrugada bajaban a los rastrojos de las siembras, colocándome en monte antes de que amaneciera y así poder divisarlos desde unos peñones situados a unos 300 metros de altura sobre las siembras, teniendo así una gran vista sobre casi toda la finca.

Mi equipo constaba de un rifle semiautomático de 30.06, unos prismáticos y una cámara fotográfica para hacer fotos a los animales. Siendo novato en esto de la caza mayor, ya que hasta la fecha solo había cazado un par de gorrinetes y algún mufloncete.

Después de estar un par de horas mirando con los prismáticos observo algo a gran distancia, una cosa que no había visto nunca, solo en reportajes. Me dejó alucinando. Era un grupo de seis ciervas y un venado en unos rastrojos. Cuando las ciervas se separaban un poco iba el ciervo achuchándolas con la cuerna para tenerlas más o menos juntas. Así estuvieron hasta que empezó el sol a levantar y empezaron a subir hacia el monte desde su posición a unos 400 metros. Tenían una pendiente muy fuerte y una ladera con poco monte: romeros, algún chaparro y pinos diseminados. Viendo la dirección que tomaban, sabía que se dirigían a una pinada muy densa que había en la otra cara del monte. En la cuerda hay un camino para el mantenimiento de las torres de hélices, así que aprovechando dicho camino salgo corriendo para cortarles el camino y si no lo veo no lo creo, oigo al ciervo berreando y los veo entrando a la pinada. Habían subido los cuatrocientos metros antes de que yo, a paso ligero, anduviera menos de doscientos. Al verme se quedan quietos mirando, momento que aprovecho para poner el trípode y apuntar, pero aquí lo del novato. Creía que estaban muy lejos e igual la bala no llegaba y si lo dejaba herido y se metía en los pinos… Al final no tiré. Estaría como mucho a ciento cincuenta metros (novato).

Los dos fines de semana siguientes me acercaba a la finca a ver si volvía a ver al ciervo, pero nada de nada. Ya estábamos cazando la menor en la zona de los rastrojos y las zonas bajas. El 31 de octubre aprovechando que había comprado un rifle con visor y me lo habían puesto a tiro en la armería, fui de nuevo al coto a probar. Llegué antes de la salida del sol y de nuevo me puse en las peñas a mirar. Echando la última mirada en los rastrojos diviso un ciervo en el mismo borde del monte. Está en un grupo de chaparras que forman un círculo y como un limpio en el centro, se mete dentro y se acuesta. Yo me digo: «Lo dejo un rato y luego me acerco a intentar moverlo».

Espero que pase un tiempo prudencial, ya que para llegar allí tenía que coger el coche y dar una vuelta de unos quince kilómetros. A las 09:00 horas de la mañana empezaron a cazar en el coto vecino y con los disparos cerca del linde veo que el ciervo se levanta, muy lentamente sale de los chaparros y a paso lento empieza a subir más o menos en mi dirección. Me preparo con tiempo, me acuesto en una losa de piedra y a esperar. A veces lo perdía en alguna vaguadita, otras solo veía los cuernos, pero al contrario que la otra vez, en esta ocasión subía lentamente. Ya me dolían las costillas, las piernas y los codos de estar acostado en la piedra. Seguía subiendo despacito o se paraba a mirar hacia abajo. Y el novato no es que estuviera nervioso, sino lo siguiente de lo siguiente . Pero cuando se puso a unos doscientos metros ya no me pude contener y me dije que sea lo que Dios quiera. La verdad es que no me fijaba en si la cuerna fuese mayor o menor. Veía un ciervo, el primero que iba a tirar y lo que pasaba por mi cabeza era que lo haría con un rifle nuevo con el que no había tirado aún. Un rifle de cerrojo. Si fallaba el tiro, ¿cuánto tardaría en cargar de nuevo?

Se trataba de un calibre grande 338wm. Me dio algo de confianza y esperé a que el venado parase. En una de las paradas, completamente cruzado, le suelto el pepinazo y cae como un saco. La cabeza se quedó apoyada entre dos romeros, erguida, pareciendo que tenía la cabeza levantada. Allí estuve apuntado por si se movía, pero pasados unos larguísimos minutos y ya más relajado me acerqué para verlo, con muchos nervios. Al llegar al animal he de decir que fue uno de los momentos que más buenos recuerdos te quedan en la vida, pudiendo comprobar el motivo por el cual andaba tan despacio. Y es que tenía en el lado derecho en todo lo es la paletilla una gran herida con pus amarillento. Quizás le quedaba poco de vida o el buen estreno del rifle y del novato, un saludo.

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