I CERTAMEN DE RELATOS CINEGÉTICOS DEL CLUB CAZADORES CONDEVITO (AÑO 2020)

 

4º PUESTO

 

ILUSIÓN EN ALMANSA (J.N.M.)

 

Después de media temporada montera pensando y buscando una montería económica para asistir con la cuadrilla familiar, nos comunican de Condevito una quedada montera en el “Pinar de Almansa”, que por fecha y precio nos cuadraba, a mi tío, mi padre, mi cuñado y dos amigos íntimos de la familia, con lo que decidimos quedarnos con tres puestos, con el aliciente de conocer a muchos socios del Club que asistirían.

Sería una de las pocas monterías a la que al puesto no me acompañaría mi padre, sino mi cuñado, que poco a poco le voy metiendo este “veneno” en la sangre.

Llegamos a Almansa después de un madrugón y más de tres horas de viaje. Después de presentar todo el papeleo salimos con el grupo a comer algo. Los preparativos ya apuntaban maneras, ya que organizamos un desayuno entre los socios que allí nos encontramos. Cada uno aportó un poco de su tierra, y aquello fue un desayuno de escándalo entre saludos, risas y lances narrados mientras esperábamos al sorteo.

Ya con el estómago lleno y habiendo dado un “buen meneo” al vino de los socios, nos avisan para comenzar el sorteo, organizado por armadas. Se cazaba la mancha de “La Silla”. Aún no me había dado tiempo de empezar con los nervios del sorteo cuando nos sorprenden nombrándonos de los primeros, tocando en suerte un cierre. Como sólo teníamos dos coches para tres puestos decido acoplarme con alguien de nuestra armada, con lo que deprisa preparo todo, repaso todo el equipo, parece que no falta nada, así que nos subimos al coche y nos llevan de camino al puesto. Según entramos en la finca nos cuentan que cuidado con las cabras, que las hay y no se pueden tirar, y que esa armada suele cumplir bastante bien.

Aparcado el coche e ilusionados cogemos los trastos y se nos indica cuál es nuestro puesto. ¡Madre mía! Un puestazo con un testero delante nuestro y un barranco a nuestros pies con un tiradero precioso a unos cien o ciento cincuenta metros. Cuando empiezo preparar todo me di cuenta que con las prisas había olvidado el trípode, bueno me apañaré como pueda…

Localizamos los puestos vecinos y nos preparamos. Ya sonaban algunas detonaciones antes de soltar la rehalas y vemos movimiento en el viso. Lo que nos avisaron, se mueven las cabras mientras disfrutamos con los prismáticos de su presencia. Más tarde aparece una piara, ahora sí, bajando la ladera, aviso a mi cuñado y con los prismáticos me dice que hay alguno de buen tamaño, pero van por el viso y aguanto con la esperanza de que cambien de rumbo, pero poco a poco se alejan sin posibilidad de tirar… ante todo seguridad. Otro guarro que entra al puesto de arriba y se cuela por el cierre después de tres tiros y a criar. Vemos otro muy grande dos puestos más abajo que se cuela sin ser visto. Al menos estábamos entretenidos con tanto movimiento, porque yo, la verdad sea dicha, aunque nunca se pierde la esperanza de abatir ese gran macareno en abierto con el que todos soñamos, venía convencido en pasar un día de monte entre amigos y poco más.

Vigilando el testero que teníamos delante nos sorprende un ruido por la derecha, y cuando nos giramos vemos una piara de cuatro ejemplares a tiro del puesto vecino. Esperamos que tire el compañero pero parece que no los ha visto, por lo que los dejamos cumplir siguiéndolos con el visor y valorando el tamaño. Cuando los tengo más a tiro en nuestro puesto me decido a disparar al primero, el mayor, y con la detonación, del trote salen huyendo cada uno en una dirección. No sé si le he dado aunque por cómo he tirado creo que sí lo he podido alcanzar. Acto seguido dispara el puesto de arriba, que ya los había localizado. Los pierdo unos segundos en el barranco y aparece uno corriendo testero abajo, lo meto en la cruz del visor y disparo a unos cien metros, pero madre mía qué velocidad lleva después del disparo. Vuelvo a disparar y desaparece entre las zarzas. Parecía muy entero, iba muy rápido. Los demás no sabemos dónde se han metido, pero me dice mi cuñado que uno se ha tirado barranco abajo en nuestra dirección, por lo que nos quedamos atentos y en silencio a ver si lo escuchamos. Tras cinco minutos de tensión oigo un crujido a mi izquierda y lo veo a quince metros, no parece grande, me encaro el rifle y disparo. Parece mentira pero en unas décimas de segundo me doy cuenta que he adelantado el tiro. Pienso rápido y me digo a mi mismo “al bulto”, repito disparo y ahora sí. Con la velocidad que llevaba pegó una voltereta igual que un conejo a la carrera, precioso. Mi primer jabalí. Entre la euforia, los nervios y la alegría me da la “risa tonta”, escucho a mi cuñado “BIEEEENN!!”, me felicita con unos cachetazos en la espalda, ¡qué sensación más buena!

La montería sigue y le paso el rifle a mi cuñado: “Toma, a ver si hay suerte y tiras tu también”, le digo con ilusión, aunque ya sólo escuchábamos algún tiro lejano. La cosa quedó muy tranquila en nuestra armada hasta que nos recoge el postor.

Una vez finalizada la montería, hablando con el puesto de arriba decidimos ir a pistear al que habíamos tirado los dos. En el lugar del disparo había pedazos de hueso, y siguiendo la direccion de huida vemos rastro con mucha sangre que bajaba por donde yo había tirado, era el mismo, pero seguimos y ni rastro del animal. Recordamos que el puesto de abajo había tirado poco después que nosotros, y al preguntar nos dice que se ha quedado con una cochina grande que venía con un tiro en la mandíbula, pero que si no la para él, no la habríamos encontrado.

Después de la foto de rigor para el recuerdo, cargamos los guarros al coche regresamos a la UCA, lugar donde la sociedad hace la junta, con la ilusión de mi primer jabalí. Comentamos el lance con el resto de la cuadrilla mientras reponemos fuerzas con lo que había sobrado del desayuno, y nos cuentan que en el puesto de mi tío habían tirado un cochino y en el otro mi padre no había tenido suerte.

Después de dos años de no “tocar pelo” y no ver nada en las monterías que había asistido, parece que se pierde un poco la ilusión, pero este día la suerte nos hizo un guiño y pasamos una jornada montera de ensueño, entre amigos y familia, no podíamos pedir más. Nos despedimos del resto de socios del Club que aún quedaban por allí y regresamos a casa cansados pero con un recuerdo que jamas olvidaré.

 

 

Saludos y buena caza.

Javier Robles (Condevito).

 

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